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La siguiente es una posible escena que usted puede practicar con su hija (puede cambiarla para practicarla con un hijo). O puede inventar algunas escenas de su propia imaginación que se ajusten al tema, o cualquier otra cosa que ayude a sus hijos a practicar su poder de resistencia.
Actúe el papel de un muchacho que a su hija le guste y trate de convencerla de que comparta con usted unas cuantas cervezas. ¿Cómo podría ella responder? ¡Eres un descarado! Sería una respuesta muy alienante. No sé... deja la puerta abierta y da la sensación de que se le podría convencer. Una respuesta intermedia en la que ella sea firme y sin embargo amigable funcionaría mejor. Ayúdele a ella a practicar frases claves que dan las razones por las cuales ella simplemente no se tomaría una cerveza:
- ¡Mis padres me matarían si se enteraran. Y ellos siempre se enteran!
- No, a mí no me gustan esas cosas.
- Ya la probé una vez y odio su sabor.
- Mis padres confían en que no tomo bebidas alcohólicas y yo no quiero defraudarlos.
O ella podría relatar las consecuencias de consumir bebidas alcohólicas:
- ¡Ya la probé una vez y terminé vomitando!
- Beber cerveza me hace sentir fuera de control y yo odio esa sensación.
Ella tendrá que estar preparada para responder a las protestas. Podría hacerlo usando la técnica del disco rayado repitiendo sus razones para no aceptar hasta que los esfuerzos para convencerla terminen. O ella puede indicar claramente que la conversación sobre la cerveza ha terminado cambiando el tema en una de estas formas: ¿Viste el partido de basketball anoche? u ¿Oye, sabes tú si las entradas para el concierto se han agotado? Y si todo falla, ella tiene que abandonar el lugar con una respuesta enfática ¡Tengo que irme, Adiós!
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